Museo Taurino de Sevilla

Museo Taurino Sevilla
Enclavado en el corazón de la real Maestranza de caballería – más conocida como Plaza de Toros de Sevilla – se aloja un edificio que permite conocer todos y cada uno de los secretos mejor guardados de toros y toreros y, que conserva los misterios de la tauromaquia, práctica que ha dado su carta de crédito a España por varios siglos.
Inaugurado por la Condesa de Barcelona en 1989, el Museo complementa la historia de la Plaza y da lugar a que los viajeros y amantes de esta disciplina puedan conocer piezas muy valiosas y recuerdos muy importantes de diversas épocas y corridas.
La visita que se realiza al lugar es completa y una guía acompaña a los viajeros a recorrer la plaza, cuadras, guardaneses, la capilla, dejando para lo último el ingreso al Museo. La inmensidad de la real Maestranza seduce a cualquiera, y desde sus gradas o desde cualquier punto de la Plaza, uno se siente pequeño e indefenso. Alcanza con imaginarse en medio de una multitud para sentir que nada debe de resultar simple allí adentro.
Pero al ingresar al Museo la sensación cambia. Todo pareciera estar más contenido, y el cielo diáfano que cubre la Plaza ha desaparecido y unas hermosas luminarias se reflejan en los vidrios de las vitrinas. Un color rosa viejo, mezclado con blancos y el marrón caoba de la madera, convierten el contraste de los marrones terrosos de afuera.
El recorrido guiado dura unos 20 minutos y pueden escucharse sus explicaciones en español o e inglés. Una vez completado el circuito exterior, ya en el Museo nos ubicamos en la primera sala. Nos recibe los servidores de la plaza, quienes retratados en una muestra, dan cuenta de la época del 1740 (tal como lo señala el cartel de ingreso). Lanceros, timbaleros y parte del folclore que animaba la plaza por entonces en perfectas replicas nos permiten retrotraernos en el tiempo e imaginar cómo se divertían por entonces. En la sala, un uniforme donado por Don Carlos Borbón, entrega un toque sofisticado a los vestuarios de época.
Caminamos unos pasos más y el ingreso a la segunda sala explota de colores, de sangre, e movimiento expresado en pinturas que van contando la vida taurina del siglo XIX, que cobran brillo en las esculturas de bronce que se exhiben en la tercera sala del Museo.
Cabezas de Toros, trajes de toreros, detalles de vestimentas, algunas pinturas y un toque de vida más actual se exhiben en la última sala del Museo que ya nos va dando la despedida para dejar ingresar en breve a otro contingente que aguarda por conocer los secretos de la tauromaquia, símbolo de la cultura nacional.
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