Cómo conocer Sevilla en un día
Cuando llegué a Sevilla estaba más que preocupada, me había demorado más de lo debido en Madrid y sólo me quedaban algunas horas que yo creía muertas para poder lanzarme a la aventura de conocer esta provincia tan rica en historia y arquitectura. Estaba entre triste y enojada, pero de todas maneras estaba convencida que no iba a dejar de hacerlo. Tomé un taxi y me fui hasta el Hotel en Triana que habia reservado por internet para que por lo menos el itinerario sea con menos peso y de andar más ligero.
Estaba dispuesta a sacrificar almuerzo si era necesario para tener más tiempo. Me imaginé comiéndome unos buenos pedazos de jamón un agua y ya. Pero a veces las bondades de quienes reciben tan cordialmente a los visitantes y las posibilidades turísticas de los lugares hacen que uno pueda disfrutar y conocer mucho más de lo que tenía pensado. Y así fue.
Todavía no recuerdo porqué, pero mientras desayunaba comencé a entablar un amable diálogo con la señorita que me servía el café. Así fue como supe que ella en realidad era hija del Conserje y que sabía descubrir cuando un turista iba a quedarse por pocos días en la ciudad. No me lo estaba preguntando, lo afirmaba, y me reí, porque acto seguido ya había solucionado mi trágica situación de tener temor de irme de Sevilla sin haber explorado sus maravillas.
Minutos después hablaba por teléfono con otra señorita tan cordial como mi mozo que me comentó que era guía especializada y que había maneras de conocer Sevilla en horas, y en varios formatos. Busqué mi bolso y fui a su encuentro. Allí me contó que para quienes disponen de algunas horas hay varios tours armados: en autobús, en barco, en coche de caballos, en globo (uff si no fuese porque no puede subir más allá de la altura de mis narices sin marearme, la opción era más que encantadora) y en bicicleta. Finalmente esta opción fue la que me pareció dentro de los precios que me daba el bolsillo y el tiempo que disponía la mejor. Cargue de reservas hidratantes mi mochila y me dispuse a pedalear dos horas por la ciudad.

Puente Triana
El recorrido arrancó en una paseo por el Puente de Triana, allí quedé maravillada de toda la gente que utiliza ese paso. Sin dudas su vista es maravillosa con las aguas del Gudalquivir corriendo bajo los pies, y aunque su nombre original es Puente de Isabel II, es más conocido como Puente Triana por sus cercanías con el Barrio del mismo nombre. Yo no pude hacerlo pero dicen que de noche cuando se iluminan sus farolas es una postal inolvidable. Desde allí seguimos el recorrido hasta Torre del Oro situada sobre la margen izquierda del Río. Se la reconoce por su construcción como Torre albarrana (por ser parte de un recinto fortificado) muy comunes en España. Se dice que toma su nombre por los reflejos del sol sobre sus azulejos originales que tuvo en su construcción. Como el tiempo nos corría nosotros no hicimos la visita guiada, pero estaba dentro de las opciones del paquete. Preferimos sentarnos un rato en las cercanías y tomar cientos de imágenes. Cada vez que veo esa construcción de forma hexagonal pienso en aquella tarde a pedales. Seguimos por el Parque de Maria Luisa, la Plaza España y Plaza de América. De allí emprendimos el regreso, felices de que aunque con poco tiempo, también era posible recorrer parte de Sevilla en un día, pero sin dudas con tantas ganas que quedó firme la promesa de volver.