Sevilla, en bus, se ve mejor

Sevilla en bus
Después de mucho tiempo de verlo pasar a mi lado, repleto de turistas alegres y sonrientes desde las ventanillas, decidí que recorrería Sevilla en bus. He descubierto a lo largo de los años de viaje que las ciudades tienen distintos encantos para ser vistas. Las caminatas, las bicicletas, los tranvías y hasta los trenes son excelentes opciones para conocer, todas a sus tiempos y por sus rutas.
Pero lejos de querer tomar un bus en mis viajes, siempre intento llegar a todos lados preguntando, guía en mano y con mucha atención, pero esta vez ese colectivo de dos pisos que se estacionaba frente a la ventana de mi hotel, recreando viejas ilusiones y otorgándole un poco de magia a la posibilidad de recorrer las calles de Sevilla, me parecía que podía funcionar.
A la mañana siguiente salí del hotel que habia reservado online dispuesta a no dejar pasar la oportunidad. Temprano ya éramos varios los que consultábamos sobre el destino y las características del paseo. Una pareja de alemanes recién llegados, mostraban su interés más allá de su imposibilidad de poder decir dos palabras entendibles en castellano. La recepcionista del lugar, amablemente les dio un folleto y no sé en qué lenguaje universal los hizo esperar.
Esta era la primera salida de la mañana. El bus sale cada 30 minutos y se está paseando alrededor de una hora, pero hay algo que es mucho más asombroso aún de este sistema, y es que sacando un ticket y conservándolo, sirve para que el pasajero pueda subir y bajar en distintas paradas, esto permite que uno arme su propio itinerario y dedique a los puntos turísticos de visita el tiempo que considere necesario. Me pareció una idea muy original, pensando en que si algo quiere uno en sus vacaciones es dejar en la mesa de noche el reloj y no volver a verlo hasta su partida.
Así fue que mapa y mochila en mano subí hasta el segundo piso, y me ubiqué del lado de la calle, mientras dejaba a mano los auriculares que me habían ofrecido en la puerta de ingreso. Desde allí la vista era sencillamente magnífica, no había oportunidad de perderse detalles de todo lo que uno desde el cemento de las calles no puede apreciar. Por momentos parecía que las ramas de los árboles iban a chocarnos, pero poco a poco comencé a disfrutar de ver todo desde arriba.
Cuando se inició el recorrido, una voz en off, comenzó a explicar cada uno de los puntos más importantes que íbamos recorriendo, todos los coches van equipados con un sistema de audio multilengüas. Mis amigos alemanes de la partida, estaban detrás de mí, enchufados con sus auriculares y comentando todo lo que veían.
La primera parada fue Torre del oro, nos dirigimos luego a Plaza España, Isla Mágica y al llegar al Monasterio de Caruja, ya quedábamos poco en el autobús, que después de esperar cinco minutos, emprendió el regreso.
Cuando descendí de mi paseo me sentía con más ganas de conocer que antes, y segura que muchas veces un paseo en bus, nos permite ver mejor.
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